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El calculado silencio del mal

Cuando el usurpador que ahora gobierna nuestro país comenzó a remendar la constitución para postularse y posteriormente auto elegirse presidente a través de un fraude electoral sin precedentes en la historia, ningún jurista de renombre dijo ni pío.

Cuando este sujeto que hoy se hace nombrar “Presidente de Honduras” (aunque el mundo entero sepa de qué modo tan ruin se quedó con un cargo que no le pertenece) soltó su vómito de engaños y ardides sobre el sacro juramento electoral de una pobre nación sin futuro, ningún sacerdote dijo “esta boca es mía”.

Cuando el impostor que hoy gobierna Honduras tras haberse robado las urnas electorales donde claramente se reflejaba el desprecio que la mayoría de la gente siente por él, alteró los resultados y secuestró los conteos para posteriormente auto declararse ganador a la fuerza… Ningún pastor evangélico movió la boca. No he oído la voz preclara de ningún dirigente público, la voz valiente de ningún militar formado, la voz audible de algún catedrático insigne, la voz enérgica de algún empresario influyente, la voz gloriosa de ningún líder social… Decir algo al respecto…

De pronto todos se quedaron mudos, calculando la hora exacta para salir de sus cuevas con sus pellejos intactos. Así que toda esta burla política que debería avergonzar a cierta gente que uno supone respetable, se ha orquestado sobre un silencio cruel, encubridor y catastrófico.

Cuando el falso presidente de los hondureños dio inicio a sus artimañas patibularias para frenar las protestas sociales anti fraude y para matar con métodos siniestros a casi todos los líderes de la oposición, nadie movió la boca. El recuento real de los muertos y de los presos políticos nadie lo sabe con exactitud, excepto “los encargados del tema” que operan a la media noche, cobijados por la cobardía maligna de un país capturado.

En toda esta escalada de maldad, despotismo, muerte, dolor y arbitrariedad sólo hemos escuchado el ruido espeluznante de las mentiras mediáticas y las voces gélidas de los mensajeros del mal.  Los perros que antes únicamente ladraban, ahora muerden. Toda la gente que uno considera “buena”, se reculó en silencio ante las amenazas de un diablo desenfrenado que hoy gobierna el país “porque él así lo decidió”… Hasta los militares que 8 años atrás sacaron las tanquetas para poner en su sitio a otro aprendiz de tirano, se han metido en sus cuevas a temblar como unas margaritas.

Todos se hacen los locos, todos quieren navegar con bandera de “yo no fui, fue teté” cuando hasta el más tonto sabe que este país acaba de ser tomado por asalto por una manada de cachurecos bandidos que merecen la horca. Ahora – cuando se ya se va volviendo tarde – se escuchan ciertos murmullos de gente preocupada entre bambalinas.

Ahora mismo los empresarios, los pastores, los sacerdotes, los industriales, los comerciantes y todos aquellos integrantes de cámaras, consejos, juntas, organismos e instituciones que necesitan paz y legitimidad para continuar con sus vidas, han comenzado a sentir la afilada manopla del régimen: impuestos criminales, amenazas confiscatorias y coerciones burocráticas… Todo irá empeorando hasta que se mueran los terneros y el granizo arruine los cafetales, porque Dios detesta los fraudes y pone gusano en los graneros de los tramposos…

Poco a poco “los incondicionales del tirano” van a ir recobrando la memoria y saliendo del letargo y poco a poco van a ir entendiendo que una dictadura jamás va a ser un buen negocio para nadie. Escuchen esto: todas las ganancias obtenidas en regímenes violentos y corruptos son malditas, y por eso, se van a desvanecer. Poco a poco los empresarios y los comerciantes entenderán que la legitimidad constitucional de un Estado de Derecho es lo único que garantiza su supervivencia y que lo que está en juego no son los turbios y fatuos “contratos comerciales” sino los irrevocables “contratos sociales”.

Ahora, mientras las finanzas de las empresas se desmoronan porque deben compartir sus rentas con un gobierno ilegal y criminal, ahora, mientras se deprime el comercio, aumentan los precios y se desploman los salarios – ahora – mientras los países democráticos se niegan a sostener acuerdos con un gobierno delictivo, ahora, mientras comienzan las condenas mundiales contra el abuso, el crimen, el latrocinio público y contra el irrespeto de las libertades básicas de los ciudadanos – justo ahora –  todos van recibir a domicilio la impagable factura de un régimen oprobioso que va a terminar por devorar a todos sus cómplices. Rosa de Lobo… es la primera en desfilar hacia el cadalso.

Hace falta ser un lacayo para creer que apoyar a un opresor es una buena salida. Todas las dictaduras (de derechas o de izquierdas) se quedan solas y se pudren en su propia voracidad. Se asfixian en sus propios disparates. Todas las dictaduras destruyen la familia, arruinan las empresas,  eliminan la esperanza, anulan a la gente buena y bestializan el gobierno. Por esa razón a la hora de defender la democracia y restaurarla, los estúpidos egoísmos de la gente – que encima son ciegos e insaciables – deberían pasar a un segundo plano.

Las personas, independientemente de su estatus académico u económico, deberían aprender a protestar por algo, deberían aprender a oponerse a alguien sin temer. Nadie tiene derecho a la paz si no está preparado para ir a una guerra por justicia. En definitiva, jamás ningún dictador ha tenido razón y en todos los casos el déspota siempre acaba o asesinado o encarcelado o apaleado por el pueblo en la vía pública. Alguien dijo una vez que entre más conocía a los humanos, más amaba a su perro. Yo por mi parte digo que “entre más estudio a los dictadores, más asco me producen sus seguidores”.

 

Publicado elUncategorized