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La Nación Cachureca no tiene héroes

La “Nacion Cachureca” no tiene héroes

César Indiano

Un cachureco poniéndole flores a la estatua de Francisco Morazán sería tan absurdo como ver a un obispo llevando ofrendas a la tumba de Martín Lutero. Un cachureco celebrando la “independencia patria” sería tan ilógico como mirar a los Testigos de Jehová en una procesión de la Virgen María, en fin, ver a un cachureco venerando a un prócer de las libertades públicas sería tan burlesco como mirar una ceremonia del Ku klux klan en torno a San Martín de Porres.

En Honduras (y esto aplica a toda Centroamérica) los cachurecos no tienen héroes ni tienen próceres. Y la razón esencial por la cual los cachurecos no tienen héroes es porque en todos los tiempos han sido verdugos y acérrimos enemigos de las personas insignes. Desde que se inventó Honduras y las demás naciones desdichadas de la bárbara región centroamericana, los gasistas que más tarde fueron llamados cachurecos, se dedicaron a matar, a desterrar y a encarcelar a todos los hombres que levantaran banderas de libertad, justicia y legitimidad republicana.

Su crimen más bestial – fue sin ninguna duda – el de Francisco Morazán en 1842, pero no fue el único. Antes habían intentado asesinar a Dionisio de Herrera en su propia residencia en Comayagua y hay fuertes sospechas de que la muerte imprevista de José Cecilio del Valle haya sido también una treta orquestada por los cachurecos desde Guatemala.

Estos tres patriotas junto al general José Trinidad Cabañas son la cumbre de la dignidad democrática cuando hablamos de Honduras – pero qué bochornoso – ninguno de estos célebres patricios puede ser honrando en los altares de los cachurecos mafiosos que arruinaron para siempre el porvenir de la república federal y bloquearon – con ciega eficacia – el arribo de las ideas civilizadas.

Su estrategia de matar, desterrar y encarcelar a todo aquel que se opusiera a su bandolera visión caciquil, se prolongó por décadas. En el siglo XX, cuando ya “la manera de vivir a lo cachureco” se había implantado con matices cívicos en el sistema educativo y legislativo, todos los hombres valiosos, ilustres y memorables nacidos en Honduras tuvieron que abandonar el país y refugiarse en México, Guatemala, El Salvador, Los Estados Unidos y Costa Rica.

Entre 1932 y 1958 se malogró la carrera literaria e intelectual de todos los escritores, artistas y pensadores que salieron huyendo de la brutal cacería que desató el General Carías Andino contra todo elemento que pensara, debatiera, discerniera o hablara. La diáspora de penurias y miserias vividas en el destierro por Froilán Turcios, Alfonso Guillén Zelaya, Clementina Suárez, Jacobo Cárcamo, Argentina Díaz Lozano, Ramón Amaya Amador y Merceditas Agurcia entre otros muchos, fue provocada de forma alevosa y premeditada por los cachurecos. A Federico Peck Fernández, simplemente lo agarraron a tiros en el pleno centro de la ciudad capital.

Si de sopetón yo le preguntara a un nacionalista cuales son los prohombres que reivindican para la historia dentro de una “organización política cerril” que sólo ha creído en los fraudes, en las infamias y en las traiciones, a duras penas podrían mencionar los nombres de algunos juristas prevaricadores cuyo principal aporte ha sido legitimar la corrupción, el cohecho y el saqueo sincronizado de todos los tiempos. O podrían alegar, con el fresco cinismo que los caracteriza, que sus héroes son Medinita el matasiete, Calixto Vásquez el Cortacabezas, el general Lee Christmas y la coronela Débora Budde… Regia fundadora de la Mancha Brava.

Desde el nacimiento de la nación en 1821 los gasistas (o serviles que viene a ser lo mismo) odiaron el derecho y el código civil francés, desde las batallas libertarias de Francisco Morazán por la unión federal y su ideal de modernización, los conservadores detestaron el pensamiento del patriota más grande nacido en Centroamérica. Lo fustigaron hasta el nivel de traicionarlo y asesinarlo.Desde la Reforma Liberal (1876) que fue importada desde Guatemala como una antorcha para iluminar el atraso oscurantista provocado por los caudillos nacionalistas que tiranizaban la patria, los cachurecos conspiraron otra vez contra la libertad democrática, contra el derecho público y contra el orden social y suplantaron a las dos mentes más preclaras de aquella década: Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa.

Jamás permitieron el menor asomo de luces y directrices sobre un territorio que ellos convirtieron en un coto de caza para sus opositores.

El vacío moral, filosófico y ético de los nacionalistas es catastrófico cuando se trata de Centroamérica y especialmente de Honduras. A la hora de los festejos – porque los festejos son calendario y memoria – los gasistas que más tarde se convirtieron en el Partido Servil y que una década después se transformaron en cachurecos y que al final de los tiempos evolucionaron a nacionalistas, no hayan de qué echar mano porque da la casualidad de que todos los héroes de Honduras están enterrados en el patio trasero de los tiranos y en los sótanos históricos de los gobiernos serviles.

Siempre va a ser patética una celebración cívica o patriótica en manos de los cachurecos, porque como duro castigo de la historia, ellos sólo pueden mostrar el alarde militar de unas fuerzas armadas que nunca han sido ni patrióticas ni benéficas ni legítimas: desfiles de una supremacía banal para impresionar a una población amansada que, pobrecita, nada sabe del país que habita. En los días postreros o sea hoy, los cachurecos viven el clímax de una arbitrariedad política sin precedentes y para mala suerte de todos los que nacimos allí, en 2021 van a celebrar 200 años de vejación, matanza y pobreza.

A modo de sugerencia, ya que perdieron el derecho a honrar la memoria de los grandes hombres heroicos que fundaron la nación hondureña, el actual usurpador podría mandar a esculpir una estatua ecuestre de Tomás Martínez, mejor conocido como Tomás Caquita, para izarla en el gran pabellón de las humillaciones a la patria.

Publicado elUncategorized