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¿Porqué Los Cerdos Celebran el Fraude?

¿Por qué los cerdos celebran y aplauden el fraude en Honduras? Simple, porque así son los cerdos… ¿Podemos acaso razonar con un cerdo?¿Acaso podemos entablar pláticas cordiales, democráticas, amistosas, justas y juiciosas con un cerdo? ¿Podemos pedirle a un cerdo que sea honesto y limpio? Los cerdos sólo tienen tres cosas en su cabeza: sus algarrobas, su machigua y su chiquero. Los cerdos no necesitan – para su buen vivir – un país de leyes, un estado de derecho o una sociedad democrática… A los cerdos les sobra y les basta con un chiquero bien abastecido…

¿Cómo podríamos hablar de excelencia, respeto, honestidad y justicia con los cerdos? ¿les leeríamos La Biblia a los cerdos? ¿les arrojaríamos perlas? Desde luego que no, pues ellos lo único que desean es hartarse. Beber, comer, dormir y acostarse sobre el lodo espeso de sus indecencias, es lo único que existe en sus rutinas limitadas…

Acostumbrados a dormir y a caminar en los fangos y en los revoltijos de sus heces y sus propios desechos, los cerdos son los únicos animales que consiguen ser dichosos en una porqueriza: para ellos la escoria es un reino. Aman ese reino y no permiten que nadie se los quite y que nadie se los toque. Chillan furiosos y sacan los hocicos por las barandas cuando un cenzontle se posa en el granero porque piensan que “ese pájaro se puede robar una arveja”. El chillido de los cerdos es especialmente escandaloso, inconfundible e insoportable… Gruñen de forma aborrecible cuando se sienten amenazados… Dios nos libre de los cerdos que rezongan en los micrófonos… ¡Líbranos señor de los cerdos que salen en TV!…

¿Quién no ha oído en esta vida la diabólica sinfonía de los cerdos cuando se sienten molestados?…Jamás un cerdo ha levantado la nuca para ver las estrellas, nunca un cerdo ha leído un libro porque las páginas huelen a celulosa y revueltas con maíz y afrecho son un buen aperitivo para sus panzas insaciables…. Los cerdos se hartan todo lo que huele y también devoran con ansias todo lo que apesta…Juntos – en manada y estampida – son capaces de comerse un país entero.

Con sus hocicos y sus pezuñas desbarataron todos los códigos, todas las leyes, todos los estatutos y todos los reglamentos de la vida y del honor…Las huellas de sus estropicios están en todas partes…Hay marcas de sus pezuñas en todos los juzgados, rastros de sus inmundicias en todos los tribunales…
Viven cómodos y felices “en la paz negociada de sus glotonerías ” y no les gusta que les perturben su sueño. Duermen orondos en sus charcas nauseabundas mientras esperan el nuevo día para continuar su vida de crianza, porquería y engorde. Así son los cerdos, cómodos, egoístas y pesados.
En su efímera vida de placeres opíparos, el cerdo no tiene tiempo para emprender una lucha genuina, para cultivar una idea y no digamos para aprender alguna regla o para respetar alguna norma. Los cerdos se ríen de la sumisión del buey y de la fidelidad del perro. Se burlan del destino del asno y del canto de las ranas. Porque en el país de los cerdos no hay ley, no hay decencia, no hay verdad, no hay libros, no hay música, no hay ideas, no hay vida, no hay justicia y no hay libertad… Únicamente lodo, arpones, horquetas y garrotes…Gas pimienta, babaza, coimas y matanzas nocturnas…

En la nación de los cerdos el caballo trabaja para la sal, la vaca obedece antes de ir al matadero, la abeja produce para otros, la puerca procrea sin rechistar, el tigre vigila a toda hora, el buitre consigue y desperdicia, el chacal husmea el ambiente y los gatos esconden la caca. Los cerdos no tienen remordimientos, no tienen escrúpulos, no tienen límites…
Como siempre beben mientras comen y gruñen, aprovechan sus bulliciosas reuniones para hablar de política, para filosofar maldades cada vez más sofisticadas, para tramar emboscadas y para planificar fraudes cada vez más abominables… Al final de la noche fondean en sus chagüites y despiertan al día siguiente con sus hinchadas caras de chancho… En su eterna vida de borrachera y resaca. Sobre una nación ofendida y humillada, únicamente los cerdos son los reyes y los jueces. Es majestuoso mirar cómo los cochinos desfilan hacia el trono, para besar por turnos, la capa mugrienta del gran Rey Cerdo…

Publicado elPensamientos